Prefijos: normas y excepciones

Los prefijos son elementos afijos, carentes de autonomía, que se anteponen a una base léxica (una palabra o, a veces, una expresión pluriverbal) a la que aportan diversos valores semánticos.

La norma general es clara y simple: la única manera de escribirlos correctamente y con propiedad es soldarlos, pegarlos, juntarlos, unirlos completamente a la palabra que modifican, sin guion y sin espacio intermedio, justamente como se hace con los sufijos y demás elementos compositivos, y forman palabras nuevas (codirector, posapocalíptico, exmilitar, comecocos, sacacorchos).

Hay muy pocas y raras excepciones, y a continuación expongo únicamente dos, las que pueden darse más frecuentemente en la escritura general, para simplificar este tema más todavía:

Primera excepción
Cuando el prefijo se une a una palabra que empieza normativamente por mayúscula o a una expresión numérica escrita en cifras, se enlaza mediante un guion. Esto es lógico, ya que el propio sistema ortográfico de la lengua española no acepta tener palabras con mayúsculas o cifras intermedias.

Segunda excepción
Cuando los prefijos (especialmente anti-, pro– y ex-) modifican expresiones complejas, compuestas por más de un elemento, el prefijo se escribe excepcionalmente separado: vice primer ministro, anti derechos de autor; esto se explica porque el prefijo se aplica a todo el conjunto que expresa una idea o concepto, y no sería, en general, adecuado juntarlo con uno solo de los elementos: *viceprimer ministro, *antiderechos de autor. En estos casos, tampoco debe usarse nunca guion.

Como es comprensible, hay prefijos especiales o peculiares, o incluso vocablos que se confunden a veces con ellos, que requieren, por consiguiente, un poco más de atención y cuidado para escribirlos adecuada y correctamente:

pos(t)
Este prefijo, que significa ‘detrás de’ o ‘después de’, tiene la peculiaridad de acabar en dos consonantes seguidas, por lo que en español, como es bastante razonable, suele simplificarse en pos. Esto no siempre es así, ya que al soldarlo a palabras que empiezan por s– se mantiene la –t para evitar juntar dos eses (postsindicalista); si la palabra empieza por t-, evidentemente se emplea la forma simplificada (postraumático), al igual que en todos los demás casos. Otra curiosidad de este prefijo es que cuando se une a una palabra que comienza por r-, no debe duplicarse esta letra para mantener el sonido /rr/ (posromántico), como ocurre con el resto de prefijos acabados en consonante.

ex
Hasta 2010, la Real Academia Española consideraba este prefijo como uno especial, con valor preposicional, que debía escribirse separado mediante un espacio de la palabra a la que se unía, pero a partir de finales de 2010, con la nueva edición de la Ortografía de la lengua española y la reforma ortográfica que conlleva —especialmente en cuanto a escritura de prefijos y otros elementos compositivos se refiere—, por fin se reconoce y se considera prefijo normal y se escribe ya totalmente soldado, y por supuesto y como siempre, sin guion, como el resto de prefijos, sufijos y demás elementos compositivos. Otra consideración para este prefijo es que no se recomienda su empleo antepuesto a sustantivos o adjetivos referidos a cosas; en ese caso es preferible el uso de adjetivos como antiguo, anterior, o de adverbios como anteriormente.

no
Este vocablo no es prefijo, sino adverbio de negación, aunque en ciertos casos tiene un valor parecido al de un prefijo por sus orígenes en el latín y el actual inglés non-, y de ahí nace la confusión. DPD: Se antepone a sustantivos o adjetivos abstractos, denotando inexistencia de lo designado por ellos (no fumador, no muerto); debe escribirse y se escribe separado y sin guion intermedio.

super

Del DPD: Elemento compositivo prefijo que denota ‘lugar situado por encima’: superciliar, superponer; ‘superioridad o excelencia’: superpotencia, superhombre; o ‘exceso’: superpoblación, superproducción. En el español coloquial actual se usa con mucha frecuencia para añadir valor superlativo a los adjetivos o adverbios a los que se une: superútil, superreservado, superbién. Como el resto de los elementos compositivos prefijos, super– es átono y debe escribirse sin tilde y unido sin guion a la palabra base. No se considera correcta su escritura como elemento autónomo. No debe confundirse con el adjetivo y el sustantivo súper, que sí son palabras independientes.

pro
Significa ‘a/en favor o en beneficio de’. Hasta finales de 2010, la norma académica consideraba que era preposición, y por consiguiente debía escribirse siempre separada del resto de palabras —y evidentemente sin guion— ; pero con la nueva revisión de la Ortografía de la lengua española por fin se admite y se reconoce que es prefijo, y por consiguiente debe escribirse, como norma general, unido, fusionado, pegado a la palabra que modifica, sin guion ni espacio.

Con el resto de prefijos no debería haber ningún problema; son normales, sin peculiaridades ni particularidades, sin ningún tipo de complicación y, por supuesto, todos siguen la norma general. Lo único que hay que tener en cuenta es que si se anteponen a palabras que comienzan por r-, esta letra se duplica para mantener el sonido /rr/ (prerrománico, antirrevolucionario); y que si los prefijos que acaban con vocal se unen a lexemas que empiezan con la misma vocal (caso en el que por supuesto tampoco se escribe guion ni se deja espacio), esta puede y suele reducirse a una sola (sobreescribir, sobrescribir; antiimperialista, antimperialista; contraataque, contrataque) excepto cuando tal simplificación comprometa la correcta y adecuada comprensión del vocablo por existir formas semejantes en apariencia o, evidentemente, cuando la palabra base comience por h y se intercale así entre ambas vocales.

El resto de elementos compositivos (por ejemplo: limpia-, come-, tira– y un largo etcétera) tampoco se escriben correctamente en algunos casos, a pesar de estar dentro de la simple norma general en todos los casos. Por ejemplo, no es lo mismo come cocos (3.ª persona del singular, presente de indicativo), come cocos (imperativo) y comecocos (sustantivo). Tampoco tendría coherencia ni utilidad real colocar guiones intermedios en estos casos. Así pues, estos tipos de palabras compuestas no deben escribirse nunca con guiones ni espacios intermedios.

Véase también
Prefijos (simple)

por/a por

Si decimos, por ejemplo, Voy por mi hermano, estamos dando muchos significados, y si no especificamos de ninguna manera a cuál de ellos nos referimos concretamente, el receptor se queda con la duda, lo cual no es nada recomendable porque el código no está cumpliendo su función básica por ser pobre o impreciso. Si decimos, en cambio, Voy a por mi hermano, estamos dejando claro qué queremos decir; añadiendo únicamente una preposición, una letra, hemos expresado algo más claro y concreto: el código es mucho mejor, por lo que el mensaje también lo es. La forma a por es totalmente válida; aunque a algunos esta expresión les parezca extraña o incluso incorrecta. A veces dicen que no es recomendable combinar dos o más preposiciones; parece ser que olvidan que ya hay muchas, como para con, de entre, por entre, tras de, de por, etc. La forma a por surgió hace ya muchos siglos por necesidad y lógica evolución, y no hay que ignorarla en vano.

Voy a por mi hermano significa, únicamente, que voy a buscarlo, voy a recogerlo. Mientras que Voy por mi hermano significa que voy a algún sitio porque él lo ha pedido, o porque sé que lo necesita o lo desea, y como lo amo hago el esfuerzo por él y voy aunque no quiera; o que voy a algún sitio en lugar de él, en reemplazo o sustitución; y también puede significar lo mismo que Voy a por mi hermano: ahí está el quid del asunto.

Entonces aquí planteo la gran cuestión: ¿por qué debemos usar la misma expresión para decir dos cosas distintas teniendo dos perfectamente válidas que, aunque similares, son diferentes? Emplear dos expresiones para transmitir dos significados es inteligente y recomendable.

Otro ejemplo, y este más simple todavía: si decimos ¡A por ellos!, todos entendemos un único mensaje; en cambio, si decimos ¡Por ellos!, podemos entender más de un significado, y probablemente nos confundamos y nos equivoquemos…

Puedes consultar lo que dice la Real Academia Española al respecto en, por ejemplo: Respuestas a las preguntas más frecuentes.

¿Por qué? Porque todo tiene su porqué…

El tema principal de este artículo es el estudio de las similitudes y diferencias entre por qué, porque, porqué y por que. Las cuatro formas se confunden frecuentemente y se emplean de manera incoherente, hecho que dificulta el rápido y correcto entendimiento de las frases y oraciones y reduce la eficiencia y la coherencia del código lingüístico, a pesar de ser, en realidad, muy fácil diferenciarlas conociendo sus sencillas características básicas.

por qué

Se emplea cuando se hace una pregunta o una exclamación, ya sea directa o indirectamente:

¿Por qué te comportas así?
No comprendo por qué te pones así.
¡Por qué calles más bonitas pasamos!

La tilde o acento gráfico, como siempre, es de vital importancia, así como la presencia o la ausencia del espacio.

porque

Se trata de una conjunción átona, razón por la que se escribe sin tilde. Puede usarse con dos valores:

• Como conjunción causal, para introducir oraciones subordinadas que expresan causa, caso en que puede sustituirse por locuciones de valor asimismo causal como puesto que o ya que:

No fui a la fiesta porque no tenía ganas [= ya que no tenía ganas].
La ocupación no es total, porque quedan todavía plazas libres [= puesto que quedan todavía plazas libres].

También se emplea como encabezamiento de las respuestas a las preguntas introducidas por la secuencia por qué:

—¿Por qué no viniste? —Porque no tenía ganas.

Cuando tiene sentido causal, es incorrecta su escritura en dos palabras.

• Como conjunción final, seguida de un verbo en subjuntivo, con sentido equivalente a para que:

Hice cuanto pude porque no terminara así [= para que no terminara así].

En este caso, se admite también la grafía en dos palabras (pero se prefiere la escritura en una sola):

Hice cuanto pude por que no terminara así.

porqué

Siempre lleva tilde y tiene un significado equivalente a motivo, causa y razón. Como es sustantivo suele llevar un artículo u otro determinante delante:

Todo tiene su porqué.
No sabemos el porqué de su mala actitud.

Es muy fácil detectarlo porque siempre puede sustituirse por motivo, causa o razón sin variar en absoluto el sentido de la oración. Si no es perfectamente sustituible por cualquiera de esos vocablos sin comprometer la coherencia, no es correcto emplear esta forma.

Incorrecto: *No me explicó el porqué no quiso ir.
Correcto: No me explicó por qué no quiso ir.

por que

No lleva nunca tilde. Puede tratarse de dos secuencias: la preposición por más el pronombre relativo que; en este caso es más corriente usar el relativo con artículo antepuesto (el que, la que, etc.); o de la preposición por + la conjunción subordinante que. Esta secuencia aparece en el caso de verbos, sustantivos o adjetivos que rigen un complemento introducido por la preposición por y llevan además una oración subordinada introducida por la conjunción que:

Este es el motivo por (el) que te llamé.
Los premios por (los) que competían no resultaban muy atractivos.
No sabemos la verdadera razón por (la) que dijo eso.
Al final optaron por que no se presentase.
Están ansiosos por que empecemos a trabajar en el proyecto.
Nos confesó su preocupación por que los niños pudieran enfermar.

Véase también
Acentuación
Respuestas a las preguntas más frecuentes, Real Academia Española

Última edición: 18 de agosto de 2013.

Queísmo y dequeísmo

Este artículo trata sobre cómo detectar y evitar fácilmente unos errores habituales en la lengua coloquial llamados queísmos y dequeísmos, que consisten en la supresión o adición arbitraria de la preposición de cuando confluye con que.

Ejemplos de queísmo (falta de ante que):

*Me alegro que hayáis venido.
*Me olvidé que tenía que llamarte.
*No cabe duda que es un gran escritor.
*Pronto cayó en la cuenta que estaba solo.
*Nos dimos cuenta que era tarde.

Ejemplos de dequeísmo (sobra de ante que):

*Me alegra de que seáis felices.
*Es seguro de que nos quiere.
*Le preocupa de que aún no hayas llegado.
*Es posible de que nieve mañana.

Hay un «truco» que puede ayudar mucho a evitar queísmos y dequeísmos, y es hacerse una pregunta con un fragmento de la oración donde se encuentra la duda, tal que así:

La oración *He soñado de que comíamos mantecados en Navidad es incorrecta. Deberíamos preguntarnos y autorrespondernos: «Qué he soñado? Que comíamos mantecados en Navidad». La oración correcta es, pues, He soñado que comíamos mantecados en Navidad.

La oración *No se da cuenta que esa no es manera de comportarse es incorrecta. ¿De qué no se da cuenta? De que esa no es manera de comportarse. No se da cuenta de que esa no es manera de comportarse.

Hay más maneras de comprobar si la preposición de es necesaria:

No se da cuenta de que esa no es manera de comportarse.
No se da cuenta de eso.

En ninguna de las dos formas podría suprimirse la preposición de, pues la oración carecería de un fragmento importante de significado, estaría mal construida o sin acabar, el mensaje sería incoherente o incompleto. En lingüística suele ayudar mucho, en caso de duda, cambiar las cosas de sitio o de forma para comprobar si las expresiones u oraciones tienen sentido y evitar, así, indeseables errores.

Sea cual sea la preposición dudosa, siempre es cuestión de prestar un poco más de atención al código con el que nos comunicamos. En estos casos concretos, el propio verbo siempre requiere o rechaza preposiciones: es muy fácil detectarlo intuitivamente. Si se dan casos en los que aun probando esos métodos se duda sobre la preposición adecuada, es recomendable consultar alguna fuente fiable, como la página electrónica de la Real Academia Española.

deber/deber de

La confusión de estas dos expresiones es un vulgarismo frecuente, y, sin duda alguna, de los peores, ya que cambia completamente el significado de las oraciones y las hace, en muchos casos, incongruentes y difíciles de entender rápidamente.

En este artículo voy a explicar las diferencias y similitudes entre deber y deber de, empezando con algunos ejemplos:

Este debe de ser el error del que me habló Juan; no encuentro otro.
Deberías tener más cuidado con tu salud; cualquier día nos darás un susto.
El libro debe de estar en la estantería; si no está, significa que lo hemos perdido.
El libro debe estar siempre en la estantería; si no, acabaremos perdiéndolo.

• El verbo deber denota obligación.

• La secuencia o expresión deber de denota probabilidad, suposición, etcétera.

Así pues, la preposición de tiene mucha importancia una vez más, ya que cambia totalmente el significado del mensaje. Hay un sencillo «truco», o simplificación, que puede ayudar si no se sabe discernir todavía entre deber y deber de en todos los casos: la norma culta considera actualmente que es aceptable emplear la forma sin preposición para ambos significados. Es decir, si en todos los casos se omite la preposición de, pueden evitarse muchos errores. Claro que teniendo dos expresiones con dos significados distintos y diferentes es absolutamente preferible emplear la forma coherente y adecuada, y por consiguiente correcta, en cada caso; así pues, esta pequeña ayuda debe ser considerada como recurso en casos de duda y urgencia, nunca como la norma.

Véase también
Formas correctas e incorrectas (vulgarismos)

Última edición: 16 de noviembre de 2014.